En Bodega Lagarde los vinos se diseñan en el viñedo, en Zonda el menú se decide caminando la huerta. Cada mañana, nuestros cocineros recorren los canteros de la huerta junto a los agricultores y eligen, entre lo que la estación ofrece, lo que ese día va a llegar a la mesa. Ese recorrido de pocos metros — de la tierra a la cocina — es el gesto que define todo lo que hacemos.
Nuestra huerta es 100% orgánica. No usamos agroquímicos ni forzamos cultivos fuera de su tiempo: abonamos con el compost que genera la propia cocina, rotamos los cultivos para que la tierra descanse y dejamos que cada estación imponga su ritmo. Lo que la huerta no da, lo buscamos en productores locales que trabajan la tierra con el mismo cuidado.
Trabajar así tiene un costo: significa aceptar que no siempre hay de todo. Pero tiene una recompensa mucho mayor: un tomate cosechado en su punto exacto de madurez, a metros de la mesa donde se sirve, no se parece en nada a uno que viajó miles de kilómetros. La estacionalidad no es una limitación — es la razón por la que cada visita a Zonda es distinta.
Las flores comestibles, las hierbas andinas, las raíces de invierno y los tomates del verano no son decoración de nuestros platos: son su punto de partida. El menú de pasos se construye alrededor de lo cosechado, y no al revés.
Este pilar es también el que la Guía Michelin reconoció con la Estrella Verde por tercer año consecutivo: una cocina sostenible que demuestra que el respeto por la tierra y la excelencia gastronómica son el mismo camino. Los esperamos en Luján de Cuyo para recorrerla con nosotros — la visita a la huerta es parte de la Experiencia Zonda.
